Memorias del Paikon
ago08
26
A petición explícita de un amigo,
hoy postearé sobre la falsedad que nos rodea, desde pequeños estamos expuestos
a la falsedad de los adultos, como la clásica situación en la que le dicen al
niño, dile que tu papa no esta, mientras descuelga el auricular del teléfono, y
éste obedeciendo a sus mayores, contesta con la picaraza que le caracteriza: “dice
mi papá que no esta”; o tan simple y llano, donde la mamá le niega un alimento
a su hijo, diciéndole, “esto no por que pica”, y luego vienen los traumas
alimenticios, pero esa es otra historia.
Autor: Pikon |
Memorias del Paikon
ago08
18
No puede ser que en este mundo
piñata, lo mismo hace el rey y hace la vaca, a no ese es un pseudo poema
acapulqueño… no puede ser que en mi propia oficina, en mi propio trabajo con
los que se dicen mis compañeros, mis “amigos” (entre comillas), puedan osar
atentar contra la integridad de algo tan preciado e importante para mi.
Autor: Pikon |
Memorias del Paikon
ago08
18
Va por que la distracción forma
parte de mi vida, y siempre soy olvidadizo. Hay veces en la vida del hombre que
uno olvida cosas, así de repente.
Autor: Pikon |
Memorias del Paikon
ago08
18
Por que tratar de olvidar lo
inolvidable, por que uno dice olvidar, si en el momento preciso de querer
hacerlo estamos taladrando más la mente, el cerebro y el bulbo raquídeo con el
recuerdo imborrable de lo que queremos quitar del registro permanente de
nuestras vidas.
Autor: Pikon |
Memorias del Paikon
ago08
13
Corriendo como loco siguiendo la
línea azul dibujada en el piso de la cancha creando un perímetro geométrico alrededor
de los cuadros de cemento gris y caliente, sentía mi piel pegajosa, mi cabello
se descomponía y perdía aquel copete tan a la moda que me cargaba, aquel short
que me llegaba debajo de la rodilla, cómodo como falda escocesa, la rutina de
lagartijas, arriba y abajo una y otra vez, para fortalecer los poquitos
pectorales, y después corríamos por el balón y tirábamos a la canasta, una y
otra vez para perfeccionar el tiro.
Autor: Pikon |
Memorias del Paikon
ago08
07
Creo que ahora el título lo dice
todo, la verdad es una de esas historias que te ocurrieron de pequeño, y nunca
las olvidaras.
Un buen día, como de costumbre venía de mi ciudad natal Dolores Hidalgo,
cuna de nuestra independencia, y hogar de deliciosas nieves de sabores raros.
Toda mi ñoñez, digo niñez, era rutinario irme todo el fin de semana a este
tranquilo pueblo, a comer nieve, y visitar a mis abuelas
Autor: Pikon |
Memorias del Paikon
ago08
07
Dicen las señoras de antaño, que
donde se vea una luz a las doce de la noche, un brillo dorado cuando la luz
este apagada, o en su caso cuando los quinqués agotaban el petróleo, ahí en ese
mismo lugar habían monedas enterradas.
Que si escuchaban el chasquido,
cual niños jugando a la rayuela, justo ahí, ahí había monedas enterradas. Nada
más habían de ver las historias que se cuentan, que si en épocas alejadas, para
evitar ser robados, las monedas eran escondidas.
Autor: Pikon |
Memorias del Paikon
ago08
04
Nunca viví una infancia muy
feliz, pero sigo vivo.
Problemas como todos, y como
nadie, y me preguntan si conozco la soledad, si yo mismo soy la soledad, nuca
tuve a quien amar si no hasta la mayoría de edad, y nunca fue recíproca, y
después de eso correspondí con mis demás parejas, preguntándoles, si conocían
la soledad, si sabían del vacío que causa, y del dolor que conlleva.
Autor: Pikon |
Memorias del Paikon
ago08
04
Uno no se termina de asombrar, estaba pasmado con
la noticia de que cuahutemoc blanco iba a sacar un disco, de la recopilación de
música que le gusta, hazme el favor ya me imagino a los Acosta, y los
temerucos, pero eso no era lo asombroso
Autor: Pikon |
Memorias del Paikon
jul08
31
Ahí estaba yo con mis diecitantos
años, y ella con sus diecitantos pero unos menos que yo, jóvenes aun, bajo uno
de aquellos dos árboles que no se como se llaman pero que solo son decorativos
ya que no dan fruto, y que son de ornamento por que apenas y generan raíces no
creciendo mas allá de lo que el cemento del que estaban rodeados les permitiera.
La lluvia no cesaba, como en éstos
días, por eso es que se me vino a la mente, pero aquel árbol frondoso nos
servia para ocultarnos de las voraces gotas que acechaban nuestros cuerpos, con
las ropas mojadas, y los cabellos empapados, nuestras manos se tocaban mientras
nos aferrábamos al árbol, nos unimos cada vez más mientras el ruido de las
gotas al golpear el piso hacían sentir una tranquilidad.
Autor: Pikon |
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