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La economía, como realidad social, es parte del ambiente y ejerce una influencia muy importante sobre la vida de las personas.
Pero no es menos cierto que la conducta social que las personas desempeñan colectivamente, determina el curso de muchos de los asuntos económicos. En términos coloquiales, se podría afirmar que la economía influye sobre las conductas, las actitudes, las emociones y las expectativas de los ciudadanos, de igual manera que todas ellas influyen sobre la economía. Desde las teorías del constructivismo social, en íntima relación con la psicología económica, se afirma que la economía nos construye, al mismo tiempo que la vamos construyendo.
En síntesis, economía y conducta social reproducen un proceso interactivo y retroalimentado.
La crisis que estamos experimentando –real o no, mejor o peor explicada– influye sobre las conductas, actitudes, emociones y expectativas de los ciudadanos y, recíprocamente, la manera como la percibimos e interpretamos influye sobre aquélla.
Las crisis son sucesos impredecibles que suelen ocurrir cuando menos se espera, por sorpresa, en una escalada de acontecimientos para los que, por lo general, no se dispone de información o es muy escasa. Inicialmente, las personas pueden reaccionar, en parte, no queriendo asumir la realidad, para después convertir sus posibles consecuencias en foco de atención, que se acompaña de la sensación de pérdida de control, tensión, miedo y estrés.
Las decisiones se toman, entonces, a muy corto plazo (efecto túnel). En su posible resolución puede aparecer el conflicto, dando lugar a la euforia (ya está resuelto) o el abatimiento (nunca se resolverá). La hipotética gráfica resultante se asemejaría a una sinusoide, con zigzags acentuados de subidas y bajadas, reflejo de estados de ánimo contrapuestos.
Las conductas económicas se expresan mediante transacciones entre las personas y su ambiente. Las condiciones económicas junto con las diferencias individuales y sociales suscitan en las personas diferentes percepciones y procesos psicológicos. Un cambio de la situación económica ambiental provoca conductas de adaptación o de ajuste, ya sea alterando la influencia de las condiciones ambientales (aumentando los ingresos) o cambiando los hábitos de consumo (disminuyendo los gastos).
Esto no siempre es posible y, aún siéndolo, tampoco es lo deseable para la mayor parte de la gente, puesto que las consecuencias que se prevén –alteradas constantemente por la información que se va recibiendo– se mueven en lo incierto y el miedo que supone la posibilidad de no poder mantener el nivel de vida, los proyectos prefijados e incluso el puesto de trabajo.
Cuando las personas, por la razón que fuere, no pueden adaptarse o ajustarse a la influencia del medio económico, se reactiva un sistema retroalimentado que puede generar tensión, impotencia, menosprecio, frustración o miedo. Estas alteraciones afectivas o respuestas emocionales pueden tener serías consecuencias cognitivas y fisiológicas.
El estrés es su resultado más común y su menor o mayor intensidad depende de la persona, de su situación y de la manera de como la interprete y la afronte. Es decir, de cómo procesa la información y de como percibe la situación económica que se está produciendo.
Cuando percibimos la proximidad de una crisis económica –manejando la escasa y confusa información disponible–, el desconocimiento se acrecienta y se acompaña del recelo de que suceda lo que no deseamos. Intuimos que las situaciones económicas cambiarán y que deberemos adaptarnos a ellas, pero sin saber, sólo suponiendo, lo que tendremos que hacer.
Es decir, hacemos juicios y nos anticipamos valorando posibles alternativas.
Las investigaciones psicológicas han puesto de manifiesto que ciertas situaciones económicas dan lugar a juicios que afectan nuestras decisiones según nuestros recursos mentales, que estas decisiones no son siempre racionales y que pueden influir sobre el comportamiento económico. Desde Herbert Simon hasta Daniel Kanenam –ambos premios Nobel de economía, en 1978 y 2002 respectivamente– numerosas investigaciones han puesto de manifiesto la gran importancia de las limitaciones de la racionalidad humana y de las emociones en los juicios y decisiones económicas, el optimismo en la asunción de riesgos, la influencia del miedo en las predicciones del daño y el papel de lo que agrada o desagrada en las predicciones factuales.
que onda raza a ver cuando tienen chance de pasar por mi web.. tengo una radio online,,
Buen artículo, te felicito¡¡¡. Espero algún día tener tiempo de compartir algunas reflexiones sobre el mismo.
Por: Abogado del Diablo | 28-03-2009 09:32:07