
Hace unas semanas, y de nuevo ayer, tuve la oportunidad de viajar a la Ciudad de México, a la Ciudad de Dios, al menos del emplumado, a la capital del país, al Detritus Defecal, a la Región Más Transparente… y muchas cosas pasaron por mi mente, pero una emergió de entre las demás: “ya no soy de aquí, posiblemente nunca lo fui, ya soy otra persona…”.
Viví durante 28 años en la Ciudad de México, cuando nació mi primer hijo decidí emigrar a la tierra de mis abuelos y de mis padres, al lugar donde nací, y no me arrepiento. Hace poco fui al Detritus por razones que no viene a cuento mencionar, tuve la oportunidad de caminar desde Izazaga hasta Bellas Artes, en ese recorrido de 20 minutos curioseando pude comprobar que algo está pudriéndose, y no es la ciudad, es la gente. Desafortunadamente no encontré una sonrisa en ninguna calle, ni en el metro, ni en las librerías a donde entré, no sólo los pájaros han dejado de cantar. Lo bueno es que mis hijos aquí los escuchan a diario y eso es un alivio.
Las razones que me obligaron a regresar al D.F., -se lee y se oye horrible, verdad- fueron variadas, pero la que me hizo caer a la calle de Izazaga fue una muy concreta: solicitar una copia de una acta de nacimiento, ya el sólo pensarlo puede aterrorizar a cualquiera, estar en la Oficina del Registro Civil es otra cosa. Está de más decirles que duré cerca de dos horas formado, llegué a la ventanilla y me acosaron con preguntas tan terrenales que no vale la pena nombrar, lo concreto es que me fue imposible responderlas y en el proceso de investigarlas tuve que hacer fila nuevamente hasta que obtuve una ficha que me obligó a regresar tres días después por el citado documento. Al salir de esta oficina, tuve algunas opciones: tomar un taxi, tomar el metro, caminar un rato por las calles y después hacer cualquiera de las dos primeras, opté por lo último, quería recordar esos viejos tiempos cuando me “perdía” entre la gente, observando todo y deteniéndome de vez en cuando en alguna librería de viejo. Emprendí la marcha por Izazaga hasta llegar al Eje Central, en esas dos o tres calles escuché todas las fórmulas para tener una piel fresca sin ronchas, sin barros, sin paño, el cutis de “una artista de cine”, también una bocina te aconsejaba el mejor remedio para mantener en alto tu virilidad, para que no deje a la chica a medias, lo extraño es que nadie sonreía ante estas cosas. Todavía no llegaba al Eje, cuando percibí que la calle no sólo era un hormiguero de personas, sino también de puestos ambulantes o semifijos, que sabrá el peje cuándo se quitan, si es que lo hacen, la mayoría de ellos con mercancía “de primera” y lo mejor a la vista de todos, con una democracia genuina, sin distinción de sexo, edad o clase social. Sin detenerme noté que algo prevalecía en casi todos ellos, se peleaban por mostrar de la mejor manera posible sus productos, discos en formato VCD o DVD con material pornográfico de toda clase, con imágenes “duras” sin mayores rebuscamientos, pero algo me pareció “novedoso”, y no sé si lo sea, pero tuve la oportunidad de preguntarlo y no lo hice. En portadas completamente blancas, sólo con letras grandes se leía en muchos de los discos a la venta: HOTELES DE NATIVITAS, HOTELES DE LA ROMA, HOTELES DE TEPITO, HOTELES DE ACAPULCO… así hasta agotar la imaginación. No quise buscar, pero estuve tentado a hacerlo, esperando encontrar hoteles de mi tierra, ya no sabía si sonreír o ponerme serio como todos, así que seguí caminando. Les juro que cada cierto tiempo volteaba a ver a la cara a la gente, pero nadie tenía los ojos fijos en algo, andaban como huyendo, yo mismo me sentía así, pero en eso me detuve en un puesto de libros que estaban tirados en el piso, creí ver por un momento un título que me interesaba, así estaba yo cuando a mi lado escuché que un muchacho le decía posiblemente a su novia: “fíjate, ese es el video que te había dicho”. No debí de haber hecho caso a mis oídos ni respetado lo que mis ojos vieron, en el puesto a un lado de mí, otro puesto de infames películas, les estaban “calando” una, se trataba de escenas de la vida real sobre muertes violentas, asesinatos de la guerra de Afganistán, corridas de toro, casos de tortura, mientras el vendedor juraba por su madre que eran genuinas, y que tenía las tres partes, su título: TRAUMA. Me quedé helado, en los dos minutos que tardaron en darme el cambio, se vendieron más de ocho discos y se hizo una bolita en torno del puesto, me sentí mal, tomé mi libro y casi me fui corriendo, subí al metro y empecé a leer para olvidarme de lo que había visto y escuchado, hasta la fecha no lo consigo. ¿Creen ustedes que la gente de esa Ciudad no se esté pudriendo? Yo ya no sé qué pensar, y lo malo es que acabo de cumplir años y ese al parecer fue uno de mis regalos, la verdad no lo quiero, prefiero seguir recreando la realidad con ustedes.
Me vienen mil ideas a la cabeza después de haber leído y vivido de manera tan explicita tu excelente post. Antes que nada me permito felicitarte porque tienes la virtud de lograr que tus lectores nos sumerjamos de manera tan profunda en tus historias que casi tuve la sensación de estar ahí, caminando hombro con hombro junto a ti.
Creo que hasta cierto punto no debe de asustarnos el que la gente viva ya con esa morbosidad. Ya cada vez los medios de comunicación y la tecnología son tan avanzados que dentro de poco tiempo, la palabra “privacidad” formará parte de las extintas en el diccionario. Lo único que nos queda por rescatar son los valores en nuestra propia familia, predicar con el ejemplo y estar ahí siempre para orientar. Gracias maestro Ce, por dibujar de manera tan bella esta postal urbana. “Dos hombres ven por la misma ventana, uno ve el lodo... el otro ve las estrellas” Observemos las estrellas!!!!!!!!!!!!
Híjoles!! Privacidad la defino como un resultado de la libertad. Si perdemos aquella, obvio se verá reflejada en esta... Que miedo!
No, pues tiene razón Rosy, uno nunca se queda indiferente ante lo que escribes. Tan así que ahora es tu post el que me ha inspirado uno a mí. Voy a reflexionarlo un poco. Una felicitación, Ce Pequeño. ¿Podremos evitar que siga pudriéndose la gente? Quiero pensar que sí.
C Grande: yo vivo en el DF y disfruto mucho de la ciudad. Ese anonimato del que hablas horrorizado es un escudo maravilloso para poder estar a solas y a la vez llena de estimulos. Esa zona de la ciudad donde estuviste me parece a mi tambien horrorosa, pero la metrpoli es muy variada, y tiene lugares tambien muy bonitos. Ademas hay mucha cultura para acercarse a ella. Yo se bien que es cuestion de gustos, pero creo que en todas partes donde uno viva habra cosas que le agraden a uno y cosas que no. Lo mas importante: como te atreves a venir al DF y no avisarnos?? eh?? :P
Un abrazo.
puckk:Estoy seguro que tú eres una de esas personas que se preocupan por sus semejantes, no creo que seas ingenua y si tú lo eres también yo lo soy, no tenemos una oportunidad sino miles de ellas, lástima que algunas veces lo perdemos de vista. Por otra parte el gobierno nada tiene que ver con la gente, sólo en el desencanto. Un saludo.
hysteria22: Oye pues cada vez eres más grande, te recuerdo en 19, en serio crees que ya cargó pifas a los capitalinos? espero sinceramente que no, en especial a aquellos que se toman su tiempo para pensar, sentir, amar, escribir y leer, a esos no por favor.
Rosy: No me espanta la morbosidad ni la violencia, son cosas que siempre han existido, me preocupa más la indiferencia, la falta de sueños, el conformarse, el pensar que algo es normal, y la falta de motivación, perdóname por ver el lodo, te juro que amo ver las estrellas. Gracias por tus palabras.
Súper Martrix:A mi también me da miedo, debo confesar que esa palabra está conmigo cuando viajo al defe, y a nadie le sienta bien decirlo a lo pelón, realmente algo pasa cuando una persona le teme a otra, y para evitar que alguien se de cuenta se transforme en algo diferente a lo que es. Sobre la pregunta, comparto tu opinión, veo el futuro de la gente con ojos luminosos. Un saludote.
noemi:Lo que escribes es cierto, la Ciudad de México es hermosa, personalmente adoro sus museos, librerías, parques, ni hablar del anonimato, algo que extraño ahora en mi pueblo chico, ya sabes, aquello de infierno grande... y comparto lo de cuestión de gustos, el problema es que no deberían existir zonas horrorosas, de hecho no las hay, sabes quien las convierte en eso: la misma gente. Perdona, ojalá el defe estuviera lleno de noemís y puckks, sería como mi paraiso, habrá que hacer algo al respecto. Y por supuesto que te avisé de mi arribo a la gran urbe, por ahí te lo dije en un comentario, hasta busqué tu sonrisa.
Cepequeño, ¿no resulta curioso y coincidente que las voces que intentan disculpar tanto desencanto suenan como la gente que nunca o casi nunca sale de su citadina madriguera?
Cegados por el esmog y ensordecidos por el tráfico interminable, acaban por encontrar sinfonía en los claxonazos y picassos en la sangre que ennegrece las banquetas. Da pesar que las sensibilidades se hayan trastocado a tal nivel.
La belleza tiene mucho de subjetivo, pero ¿quién puede disfrutar un concierto, una pintura o un buen taquito con una 45 empujando las costillas, seguida de un hálito de maloliente felonía?
Pues por lo menos lo que me ha tocado experimentar en esa selva de concreto si concuerda con lo que aqui se narra. Aventuras como ésta y muchas mas se viven con tan solo salir a la tienda. Yo creo que si se encuentra la gente ahí en estado de descomposición, aunque no es bueno estereotipar a todos, solo porque la mayoría se encuentre en ese estado. Conozco a muchas personas que valen mucho la pena, y que mis respetos como personas. Conozco a muchas otras que si son unos hijos de su pinpon. Pero bueno, que podemos hacer, mas que disfrutar del paraíso en el que nos encontramos muchos por el tranquilo, seguro, rutinario e introvertido lugar en el que vivimos.
barbarito: Me gusta tenerte por aquí, ¿me permites discrepar de lo que dices? pienso que las voces que intentan disculpar ese desencanto, son quienes más se aferran a las cosas buenas y yo los admiro, tu pregunta final tiene fácil respuesta: Nadie, al menos yo no, tengo que aceptar que me rendí ante el desencanto.
niquelote:Ya se te extrañaba buen amigo, es cierto, no todas las personas están mal, lo grueso es que son la mayoría como bien señalas, me dices qué podemos hacer y yo te digo: escribir, pensar, amar, leer, tantas cosas, la lista es interminable.
La gente-Morbosa o infeliz, siempre los va a haber, no solo en Mexico pero en cualquier parte del mundo..
El D.F. es una de esas ciudades unicas adonde puedes experimentar de todo. Algo que no encuentras en cualquier parte del mundo-Yo he estado ya 20 anios fuera del pais, pero regreso como dos veces al anio-una de esa siempre es al D.F. (Todavia hay familia ahi) Y siempre voy y camino en el centro, Reforma, Coyoacan, La villa y tantos otro lugares que me recuerdan de mi infancia. Y si es mucha la diferencia de hace viente anios para aca. Pero todavia hay tanto que ver y seguir experimentando..
CiscoKid: Efectivamente esa gente también es parte del paisaje de todas las grandes ciudades, tal vez una utopía pensar lo contrario, pero quizá conviene subrayar de cuando en cuando que sabemos que ahí están y que no somos parte de ellos ¿no lo somos verdad? gracias por dejar tu huella en este espacio.
Por: puckk | 08-08-2005 12:14:49