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mie24ago05

LA CALLE DE LAS VIUDAS|

Categoría: Crónicas y cuentos para desvelados

Para Aus con afecto

Primero se fue el señor Gonzalo, luego le llegó el turno a Don Esteban, más tarde fue el licenciado Manríquez, después los nombres se fueron olvidando, poco a poco todas las figuras paternas desaparecieron...


Unos lo hicieron de manera en apariencia apacible, a otros les llegó la muerte violenta, algunos simplemente salieron de sus casas y nunca regresaron, dejaron atrás lo que todo el mundo empezó a llamar “la calle de las viudas”... Cerca del parquecito conocido como “De las bombas”, a tres calles del mercado, poco antes de llegar al basurero, junto a dos talleres mecánicos llenos de carros viejos, inicia la calle Esperanza. Durante muchos años era imposible transitar entre sus banquetas y pavimento, niños de todas las edades andaban por aquí y por allá; gritos, algarabía, ganas de jugar en cada esquina, los sonidos de la vida se escuchaban por todas partes, se podía respirar a la gente. Un día todo esto se acabó. Los juegos se terminaron, de pronto dejó de escucharse “el bote pateado”, los “declaro la guerra en nombre de...”, el que meta su gol para... ya nadie saltaba la cuerda, y también dejaron de pintar el suelo con gises, a todos se les olvidó buscar una teja, un pedazo de papel mojado. Aunque hace mucho que no se habla de ello, apenas si alguna anciana se atreve a pensarlo, ellas saben porqué los niños se fueron, y también porqué sus esposos ya no están, saben la razón... ésta se encuentra en su mente y en sus diarios pensamientos. A ninguna de ellas se le olvida cómo ocurrió el accidente, en su interior le llaman: “Aquello”, “Ese día”, “No”... se dicen a sí mismas cuando piensan en eso. Pero todas lo saben, toda la gente que conoció la calle, que transitó por ahí, que caminó entre sus niños, sabe muy bien lo que pasó. Era un día normal, así es como suelen ocurrir las cosas, apenas si las nubes estaban terminando de instalarse, todavía se podía sentir en el olfato la frescura del pasto cuando el rocío empieza a evaporarse. Ella se llamaba Flor, pero hasta quienes no la trataban le decían Florecita, la pregunta que todos se hacen es ¿cómo no la vieron? Ya los vecinos estaban acostumbrados a sortear los obstáculos infantiles, a detener el tiempo cuando entraban a la calle, a quitarse la cara dura, el gesto amargo, algo cambió ese día, cuando esta pequeña niña quedó bajo las ruedas de ese carro. Lo peor, el responsable o irresponsable, el padre de su mejor amiga. Fue en ese momento, durante esa matinal desventura que todas las sonrisas terminaron, en ese instante que la naturaleza de las cosas desvió su curso. Empezaron los odios, hubo culpables. No sólo fue el conductor, sino los mismos padres y madres que no supieron cuidar lo que tenían, también las niñas y niños perdieron su inocencia. La discordia terminó con todo. Entonces se presentó la primera muerte, después otra y otra más, así se acabaron los hombres. Los pequeños, por su parte, desaparecieron entre las cortinas, atrás de las ventanas se podían ver muy al principio sus ojos, poco después nada. Ahora sólo existen en esa calle, antes de la Esperanza, ancianas solitarias, sin ilusiones, que muy de cuando en cuando reciben en esas casas, también olvidadas, la visita rápida de quien ya no puede vivir entre esas cuatro paredes.

Autor: Ce Pequeño | Comentarios (7)

7 COMENTARIOS

Maestro Ce: Excelente post, muy vivencial a mi modo de ver las cosas. Nada más apegado a la realidad. Un Abrazo.

Por: Mario B. | 25-08-2005 09:46:23
Ce pequeño, me dejas sin palabras, sin aliento... entro rápidamente a tu blog, cinco minutos de receso en la oficina y me encuentro con tu bello y emotivo texto. Gracias, sólo gracias...

Por: aus | 25-08-2005 10:01:11
Creo que todos alguna vez vivimos en la calle de La Esperanza, o por lo menos llegamos a transitar por ahí. No sé porqué razón, toda la gente con la que jugabas rayuela y avion con ese papel mojado, dejó de estar ahí. El papel mojado está ahora seco, y en la basura. Probablemente quisiste salir a buscarlos, aún con la ilusión de ver esas sonrisas, esas cuerdas para saltar, y de pronto te dabas cuenta que no estaban, pero que estabas totalmente solo, al ver esas caras frustadas, escasas de ilusión tras los vidrios sucios de las paredes donde moraban. Es cuando, sin mas opción, abandonas la calle de La esperanza, colaborando en el cambio de su nombre, con el sueño de parar en la calle de La Felicidad, sin pensar que seguramente terminarás en la calle de La Nostalgía, entre la Calle de La Resignación y el Blvd. de la Soledad, justo en frente del pequeño y muy angosto callejón, que casualmente se llama como aquella calle anhelada, el callejón de La Esperanza.

Por: niquelote | 25-08-2005 13:38:12
Mario B.: Gracias amigo, te contestaré con una frase que me parece genial "A veces la realidad es increíble y lo increíble se hace realidad", recibe uno de mi parte. Aus: Que grata sorpresa leer tus comentarios, te agradezco lo que me dices, mi única pretensión, si es que la tengo, es saber que al compartir esto, se despierta en los demás ese recuerdo que todos tenemos dentro, esa cosa personal o interpretación única, me emociona saber que algunas veces así ocurre. Tú motivaste esta historia. Niquelote: Me gustó lo que dices, ya veo que te remontaste a esa feliz época, no sé si siga existiendo una calle anhelada o si ésta haya mutado de nombre, pero al menos veo en ti ese deseo de conservarla, sigues manteniendo la ilusión. Continúa así.

Por: Ce pequeño | 26-08-2005 03:39:28
Así como cuidamos (o al menos tratamos) de cuidar a nuestros niños pequeños, deberíamos preocuparnos por cuidar nuestra niñez, nuestra inocencia. A veces uno simplemente no encuentra el caminio de regreso a la calle Esperanza. Olvidar a Florecita, a los niños que una vez fuimos. Esa es la peor de las tragedias. Saludos, Ce Pequeño

Por: MarthaX | 26-08-2005 18:55:36
En la memoria se graban los sucesos trágicos como la muerte de alguien que no lo merecía aun, los lugares donde esas cosas suceden quedan marcados como "malditos", "salados" y nos causan suspicacias y miedos. Sabes que creo que es? Que en algunas escenas de la vida se nso representa el horroso miedo a morir. Un beso!!!!!!

Por: noemi | 26-08-2005 19:38:45
Tienes razón Marthita ¿ya quedamos en que si puedo decirte así verdad? No concibo algo más triste, más trágico que el olvido, y algo que busco continuamente es encontrar el momento justo cuando yo perdí la inocencia, para poder recuperarla o reencontrarla, en eso ando. Estimada Dra. Noemí: si alguien sabe de la memoria eres tú, te has convertido en mi gurú del conocimiento, en serio, disfruto tus comentarios y algunas veces me aterran, ¿cómo sabes que tengo pavor a morir? Y lo terrible es que este miedo lo tengo desde los 5 años, buen tema para otro post. Gracias.

Por: Ce pequeño | 26-08-2005 20:05:35
Déjanos un comentario, no importa que sea malo, estás en El Peor Blog Recordar mis datos



 

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