VOLVER ATRÁS
dom18jun06
El día más Padre|
Categoría: ...ora que ando inspirao....
Para el pedacito de vida, que le dio sentido a mi vida...
Y para Fernanda, que está con
nosotros, donde quiera que se encuentre.
Los
últimos 56 días he vivido una aventura tan grande como la vida misma. El ser humano tiene la
capacidad y habilidad de crear muchas cosas increíbles. Hacemos máquinas, vehículos, aviones,
rascacielos, computadoras, y una infinidad de cosas, que muchas personas jamás se imaginaron que
pudieran llegar a existir o ser creadas. Pero hay un proceso que un ser humano puede llevar a cabo,
y que nunca podrá ser comparado o igualado por otro. Es el proceso más maravilloso que pueda existir
y que existirá en todos los tiempos: Crear una vida.
Estoy verdaderamente impactado y anonadado por lo perfecto
que es el proceso de crear una vida. Definitivamente, la inteligencia del hombre por sí misma no
hubiese podido inventar algo así. Sin lugar a dudas, la mano de Dios se deja ver en todo momento. En
verdad, no doy crédito. El proceso es sin igual desde un inicio, y es que quién podría explicar que
con tal acto tan grande de amor, pasión y caricias por doquier, pueda resultar una pequeña vida pero
a la vez tan grande que los sentimientos causados por esta personita difícilmente caben dentro de
los hacedores.
Se sienten muchos nervios cuando llega el momento de recibirla. Como que
cuando es la primera vez que vas a tener un hijo, como que no agarras la onda, hasta que culmina el
momento. La llegada de mi amada Daniela, comenzó a anunciarse
justo cuando en nuestro televisor veíamos las imágenes de una película fuera de serie, bastante
psicodélica diría yo, NaranjaMecánica. A mi esposita le comenzaron los dolores
causados por el afán de Daniela por salir al mundo y conocer a sus amados padres. Primero leves y
pausados, luego más fuertes y frecuentes. Al término de la película, mi esposita se
metió a bañar, preparándose para ir al hospital, y al terminar de bañarse, me dijo la tan esperada y
a la vez escalofriante monofrase: “ya!!!” – Ya? – Sí. – En serio? – Sí.
–Vaaaamonos!!!!!
Después de pedirle a un buen samaritano que me ayudara a empujar mi
automóvil, que casual y oportunamente se había quedado con las luces prendidas y sin batería, nos
dirigimos a la clínica. Nunca había estado tan ansioso en mi vida, sobre todo por inmensas ganas que
sentía por ver a mi pequeña ángel. Fue un embarazo extremadamente complicado y delicado, y varias
las amenazas de aborto. Pero creo que las ganas de Daniela por aferrarse a la vida se impusieron por
sobre todas las estadísticas y complicaciones, y, nuevamente se manifestó la mano del Señor.
Llegando al hospital, revisaron a mi esposita, y con la novedad de que Daniela ya quería salir de su
mundo y entrar al nuestro, pero no había prácticamente nada de dilatación. Así que, o nos
arriesgábamos a esperar que saliera de manera natural, o permitíamos que se le abriera las puertas a
Daniela con ayuda de un bisturí. Y así fue. Pasaron escasos 10 o 15 minutos, cuando entre esas
tonalidades rojas veo una pequeña cabeza, con mucho cabellito, no más grande que el puño de mi mano,
y segundos después mis oídos escucharon un sonido tan maravilloso que no olvidaré: su llanto.
Entonces me percato que justo frente a mí, a unos cuantos centímetros de distancia, veo la cosita
más increíble y hermosa que jamás había visto en mi corta vida. Era Daniela. La sensación:
indescriptible. Las lágrimas en mis ojos: incontrolables. La alegría: inigualable. Es difícil
plasmar en estas letras la gama tan diversa de sensaciones y sentimientos que pasaron a través de mí
en ese momento, no lo podía creer.
La segunda gama de emociones, llegó justo después de que
el pediatra revisó a Daniela desde la punta de sus piecitos hasta la coronilla de su cabeza, y
escucharlo decir: su niña está bien sanota. No podía pensar otra cosa: gracias Dios, gracias. Las
lágrimas, rodando y rodando por mis mejillas sin cesar. Y entonces, sucedió: Danielita fue a dar a mis
brazos. En ese momento, su llanto cesó, sus bellosojitos
se abrieron y, a pesar de que sé que aún no podía verme, estaban dirigidos fija y directamente a mis
ojos, y justo cuando pensé que no había sentimiento más grande que pudiera pasar a través de mi
cuerpo, pasó. Sus deditos de menos de 1 centímetro rodearon y apretaron mi pulgar. No
pude decir nada. Mi habla se esfumó de inmediato. Mi mente en ese momento no dejaba de cuestionar si
era posible que pudieras amar con todo tu corazón, alma, mente y fuerza a una personita que
acababas de conocer hacía sólo unos instantes. Yo, aún sin aliento. ¿Porqué? Pues muy simple, en ese
momento supe sin lugar a dudas, que la etapa mas hermosa de mi vida apenas comenzaba, y que esas
sensaciones, sentimientos y emociones que había experimentado y que creí no podrían ser comparadas
con nada en esta tierra, eran tan sólo una pequeña probadita de lo que realmente me esperaba.
Esto, es tan sólo una muy pero muy pequeña y resumida parte de lo que sucedió durante un par
de horas hace exactamente 56 días, los 56 días más increíbles y felices de mi vida.
Amigo, Dios es grande y sabe porqué hace las cosas. Pronto te tocará vivirlo,
sentirlo, no tengas duda de ello.
Autor: Niquelote | Comentarios (7)
VOLVER ATRÁS
Por: Beta426 | 20-06-2006 23:05:23