
Eran
las 23:54 del martes aquél. Yo, ya reposando sobre mis aposentos, justo en medio de aquél bonito,
pero muy extraño, sueño de color marrón. Todo parecía ser de la manera en que siempre lo había sido,
hasta ese momento. Mi sueño color marrón se vió perturbado por ese peculiar y casi no audible
ruidito, tal cual bolsita de polvorones "El Panqué" siendo rasguñada y arañada por pequeñas y
afiladas garritas. Me levanto. Me aproximo al interruptor de la luz. Lo presiono de tal forma que
pasa de "off" a "on". La oscuridad deja de ser tal. Mi mirada, enfocada inmediatamente a la mesita
esa, la que sustituye al buró de mi alcoba, y que sobre su superficie ilustra la imagen esa que
muestra al Wero sus amigos de gusanito. Fue la primera vez que lo ví. Fue la primera vez que me
vió. Nunca olvidaré esa mirada. Penetrante, intrigante, acosante, intimidante, amenazante. Sus ojos,
de color negro oscuro, mas negro que la noche misma. Fue tan sólo un instante, menos de un segundo,
quizás, no lo recuerdo con exactitud. Era él, era Wilfrido. De pronto, wilfrido no estaba. Tal cual
gacela veloz corrió lo que tuvo que correr. Salto lo que tuvo que saltar. Y no lo veía ya más. Se
escondió. Quizás se sintió tan intimidado, tan acorralado, tan amenazado, como me sentí yo. A pesar
de que ya no lo veía, sabía que estaba ahí. Era tan pequeño, tan escurridizo,tan ágil. Fue cuando
entré en razón. En ese momento supe con exactitud lo que tenía que hacer. No quería, es cierto. No
tenía las agallas, es cierto. No tenía la valentía, es cierto. No tenía ni cara conmigo mismo al tan
sólo en pensar en lo que tenía que hacer. Pero lo tenía que hacer. Wilfrido y yo no teníamos cabida
en el mismo lugar. - Lo haré, Pensé firmemente. Asesinaré a Wilfrido. Dios mio, que estoy pensando,
me dije. Pero, la decisión estaba tomada ya. Fue entonces cuando caí en cuenta que no podía
aventurarme a tal aventura así como así. Necesitaba un plan. Fácil, saco la pistola guardada
celosamente debajo de un mosaico falso en el piso de una de las habitaciones de mi vivienda, y que
sea una muerte rápida. No, haría demasiado ruido, los vecinos podrían darse cuenta. Esa muerte,
tenía que ser cautelosa. Cada detalle tenía que cuidarse extremadamente. A pesar de que wilfrido
sufra. Así tenía que ser. Fue entonces cuando le puse una trampa para atraparlo, y esperé, y esperé.
La trampa era muy sencilla pero muy efectiva. De aquellas trampas que cuando caen, no puede huir,
quedan atrapados. Mis nervios, al tope. Mis movimientos, casi nulos. Era la expectación. ¿Podría
atraparlo?, ¿Podrá escapar vivo?, Si logro atraparlo, ¿Cómo lo mataré?. Esas són solo unas cuantas,
de una cantidad bastante grande de preguntas que pasaban por mi cabeza. Fue cuando nuevamente tuve
señal de Wilfrido. Estaba al borde de la locura. Quería escapar a como diera lugar. Y entonces,
pasó. Salió del escondite donde se encontraba, y corrio. Al toparse con la trampa, la saltó, la
quiso evitar a como diera lugar. Se jugó el todo por el nada. Casi lo logra, por un pelito. Pero lo
logré yo, lo atrape. Cuando por poco logra escapar de la trampa, tomé esa escoba, la que estaba
recargada en la pared a un costado mio. Entonces, sin compasión, le dí a Wilfrido un par de palazos.
Atontejado, se quedó ahí, inmóvil, estático, atrapado más que nunca, no podía salir de la trampa
aquella. Luego de unos instantes de total silencio, nuevamente sucedió. Me miró. Esta vez, su mirada
era suplicante, desesperante, llena de impotencia por doquier. La mirada entonces, se convitió en
imploro, en gritos. Gritaba y gritaba. Aún recuerdo sus gritos como si los estuviera escuchando en
este momento. No podía entender con exactitud que decían sus gritos. Hablaba en un idioma que yo no
conocía, un idioma que me era imposible comprender. Pero no hay que ser my listo para interpretar
que me gritaba, me suplicaba, me imploraba que lo dejará ir. Que lo dejara regresar a su hogar, con
los suyos. Que lo dejara vivir. Que no le quite aquello que era lo mas preciado para él, aquello que
no podía ser reempazado con nada, su vida. Por un momento estuve a punto de ceder. Y es que con esa
manera de implorar, hay que ser frio para hacer lo que pretendía hacer. Pero mi asesino interno se
apoderó definitivamente de mí. Levanté el palo de la escoba que tenía en las manos, y comencé a
agitarlo brusca y brutalmente sobre Wilfrido, mientras escuchaba más y más fuerte la manera en que
gritaba que no siguiera haciendolo. Pero seguí, y segui. Tremenda golpiza recibió Wilfrido. Los
gritos cada vez se dejaban escuchar con menor intensidad. Los incanzables intentos de Wilfrido por
salir de esa situación, cada vez eran más escasos. Seguí golpeandolo como podía. Mientras más
fuerte, mejor. No sé de donde saqué tal malicia, tal odio, tal agresividad, tal frialdad. Pero
finalente pasó. Wilfrido dejó de gritar. Dejó de forsejear. Su desesperación terminó. A partir de
ese momento, no se escuchó un sólo sonido más salir de las entrañas de Wilfrido. El corazón de
Wilfrido no volvió a latir nunca más. Wifrido estaba muerto, y yo lo había asesinado. Entonces tomé
una bolsa de plasticó, de esas color negro muy gruesas. Tomé otra y la metí sobre la primer bolsa,
para hacerla más resistente. Metí a Wilfrido sigilosamente. Lo saqué al patio. Me tenía que deshacer
del cuerpo a como diera lugar. Pero la noche estaba ya avanzada. Decidí dormirme, y pensar más
claramente al día siguiente cómo iba a salir del embrollo en el que me había metido. Finalmente, la
noché llegó a su fin, dandole paso al día. Fue entonces, al dspertarme, que no dudé en lo que tenía
que ser. Mi mente se había despejado, y ahora podía pensar con claridad. Y así lo hice. Agarré la
bolsa negra con Wilfrido, salí a la esquina de la calle, donde dejan las personas dejan sus bolsas
de basura para que pase el camión recolector y se las lleve. Y así sin más ni más, a plena luz del
día, y con personas pasando por ahí, aventé la bolsa con el cuerpo inherte de Wilfrido sobre los
montones de bolsas de basura que había ya depositadas en ese lugar.
No me arrepiento.
Wilfrido irrumpió en mi casa. Vivió ahí no se cuanto tiempo sin darme cuenta. Entró a la cocina y se
comió mis víveres. Conmigo nadie se mete. A mi familia nadie la toca. A mi hogar me lo
respetan. Wilfrido buscó su muerte al meterse conmigo. Pero, a pesar de todo, en paz descance. Dejo
una fotografía del asesinato:

Jajajajajajajajaja Pensándolo bien, ahora recuerdo que yo también lo soy. Hace años, cuando yo trabajaba en un videoclub para pagarme mi carrerita de secretariado con especialidad en manejo de equipos de cómputo, habitaba en el recinto un peculiar animal al que llamaremos "Pajarito", como el toro que mató a Manolete. Dicho ser ahora inanimado, tenía la peculiaridad de ensuciarme los muebles en donde se posaban graciosamente las cajas de películas en formato Beta y VHS que se exhibían en el lugar para llamar la atención de los suscriptores, ¿edá?, lo que es supuesto en un videoclub. Incontables fueron los gritos de las damiselas al saber que detrás de esas cajas paseaba gozozo "Pajarito", así que opté por reportar dicho incidente a Don Fello, el dueño del negocio. Compró una Jaula y colocó una de esas salchichas estilo "frankfurt jumbo size" (que solía vender en el carrito de afuera del video) dentro de la jaula, y esperó paciente, pero nunca caía el infeliz, hasta que durante mi turno lo hizo... Dicho sea de paso, a mí me provocan muchísimas ansias los roedores, es más, parezco niña cuando tengo acerca uno de esos bichos... Total, que me encontraba en la disyuntiva... ¿Cómo lo mato?... Recordé que Don Fello ofrecía un bono extra en el pago semanal a quien lo entregase vivo o muerto, así que recordé mis raíces españolas y como un verdadero torero, tomé un gancho oxidado y lo clavé directamente entre sus vértebras, con una certera estocada, como si fuera un astado y como si yo fuera Armillita... "Pajarito" bufaba como los grandes, hasta que al final de la faena, pereció sangrante. Lo peor es que al entregarle el cuerpo inherte de mi víctima, Don fello me dijo... "Ya ni la chingas, mejor hubiera sido que tomaras la jaula y lo metieras al tambo lleno de agua para ahogarlo y que no sufirea tanto" (¿y lo que yo sufrí?, en el ruedo era mi vida contra la de él, ¿edá?)... No me dio bono, pero me dió la satisfacción de saberme un verdadero matador, aunque no me llevara ni las orejas ni el rabo, solo la vuelta al ruedo al tener que arrastrarlo en silencio y llevarlo a enterrar al baldío de atrás del video club. ¡Ole!!!...
Mi raton me dejó, me abandono porke no encontraba ke comer... y no fumaba.
De casualidad este blog tiene censura? O tienen palabras "clave" que rebota los comentarios? mmm....
Me hubiera gustado que Wilfrido estuviera de tu tamaño a ver si así te ponías tan valiente...... eda??? jajajajaja
Es necesario exhibir a Wilfrido como elenco de la Nota Roja?
O como si fuera la cabeza de Hidalgo en la esquina de la Alhóndiga?
Esto hubiera merecido un mano a mano con Wilfrido, un adversario que no pudo "estar a la altura"
MArio B: Eres un gran matador.
La comunidad de ratones exige un "recuento", voto x voto para definir quién debe ganar en la historia: El heroico Wilfrido o el tramposo (que coloca trampas) Niquelote.
Gracias por la aclaración, de casualidad no tienes un link al catálogo de palabras prohibidas? Según yo fui muy educado y respetuoso. No será que el blog también desecha las palabras pomposas y fresonas?? UPS! Ya me descubrí, soy un ñoño fresón.
Que horribles fotos¡¡¡¡¡ no tenías que ser tan grafico heeee¡¡¡¡¡ con la narrativa (que es muy buena bastaba). jajaja, igual, fue divertido. Saludotes.
la mejor pagina esta chido el relato de un asesinato...pero se lo busco el pobre wilfrido el que busca encuentra....
Dani: Si soltaron a Elvy, que mató tan feo a sus abuelitos y a su hermana, que no te perdonen a ti que eres un sanguinario infeliz mataratoncitos. Yo voy de acuerdo con matarlos, pero no a palos. Una vez en mi casa había uno y el Kesero lo tiró vivoooo a la basura.
Nada mejor que matar a un inquilino de tal forma, pero para borrar la evidencia yo opte por quemarlo junto con la leña de la chimenea es muy divertido jejejejeje
Por: Mario B. | 18-10-2006 12:44:46